
China elevó este miércoles el tono contra el presidente de Taiwán, William Lai, al acusarlo de «sabotear la paz» y de incitar la confrontación en el Estrecho tras su mensaje de Año Nuevo, en el que alertó sobre la presión de Pekín y pidió reforzar la defensa de la isla.
La respuesta fue emitida por la Oficina de Asuntos de Taiwán del Consejo de Estado (Ejecutivo), cuyo portavoz Chen Binhua calificó el discurso de Lai como un texto «lleno de mentiras y falacias, hostilidad y malicia», y aseguró que vuelve a «vender falacias separatistas de la ‘independencia de Taiwán’» y a «incitar la confrontación a ambos lados del Estrecho».
Según Pekín, el mandatario taiwanés «repite la vieja retórica de ‘‘democracia contra autoritarismo’» con el objetivo de «confundir a los compatriotas taiwaneses y engañar a la opinión pública internacional», unas declaraciones que, a juicio de la parte continental, revelan una postura «incorregible» a favor de la independencia de la isla.
El portavoz fue más allá al describir a Lai como un «saboteador de la paz», un «creador de crisis» y un «instigador de guerra», al considerar que desde su llegada al poder ha «intensificado deliberadamente las tensiones» y ha impulsado lo que definió como una estrategia de «prepararse para la guerra para buscar la independencia».
La Oficina de Asuntos de Taiwán afirmó asimismo que, en su relación con actores externos, Lai habría incurrido en una política de «buscar apoyo y someterse», dañando, según Pekín, los intereses de la población y de las empresas taiwanesas, mientras que en el ámbito interno lo acusó de aplicar un estilo de gobierno «autoritario» que «socava el Estado de derecho y restringe libertades».
El comunicado reiteró que «Taiwán es parte de China» y que, independientemente de las declaraciones o acciones del Gobierno isleño, «el fracaso de la independencia de Taiwán es inevitable», al tiempo que llamó a la población de la isla a «oponerse firmemente al separatismo y a la injerencia externa».
La dura respuesta china se produce días después del discurso de Año Nuevo de William Lai, en el que el líder taiwanés pidió reforzar la defensa y la resiliencia democrática del territorio frente al aumento de la presión de Pekín, en un contexto de renovadas tensiones militares y políticas en el estrecho de Taiwán.
Las autoridades de Pekín consideran a Taiwán como una «parte inalienable» del territorio chino y no han descartado el uso de la fuerza para concretar la «reunificación» de la isla y el continente, uno de los objetivos a largo plazo trazados por el presidente chino, Xi Jinping, tras su llegada al poder en 2012.
El Gobierno de Taiwán, liderado por el Partido Democrático Progresista (PDP), una formación de tendencia soberanista, desde 2016, defiende que la isla ya es de facto un país independiente y sostiene que su futuro solo puede decidirse por sus 23 millones de habitantes.