julieta prissell anuncia nueva exposiciónEn ocasiones, para entender la política internacional, debemos leer los acontecimientos con precisión milimétrica y dejar de mirar los titulares los cuales suelen ser redactados con propósitos específicos. Desde que los Estados Unidos desplegó una flota de barcos militares en las proximidades de las aguas territoriales de Venezuela, lo que ha pasado en ese país no son hechos aislados ni coincidencias felices; sino más bien se ha tratado de una operación quirúrgica diseñada en Washington con una precisión que definitivamente da miedo.
Ante todo, analicemos la secuencia de los hechos con la cabeza fría, y de eso modo la “estrategia gringa” queda al descubierto en cuatro pasos muy claros:
1. Un “Exilio Dorado”. En este momento no tengo pruebas, pero tampoco dudas para afirmar que la ocasión era perfecta y Washington lo sabía, para gestionar el Premio Nobel de la Paz en favor de María Corina Machado. Muchos celebraron, pero el objetivo real no era premiarla, sino moverla. Había que sacarla de Venezuela.
2. El traslado a Oslo. Con la excusa del premio, se le lleva a Noruega. En ese momento, se logra el objetivo táctico: dejar el terreno en Caracas sin su líder más fuerte. Desde Europa, ella es un símbolo; en las calles de Caracas, era un poder real.
3. La extracción de Maduro. Con el escenario despejado y sin liderazgo opositor presente que pudiera llenar el vacío de poder de inmediato, ejecutan el operativo militar. Se llevan a Maduro directo a Nueva York. Sin intermediarios, sin caos interno y con el Chavismo aterrorizado pues bajo estas circunstancias están obligados a obedecer. Es posible que se mantenga la retórica, pero en los hechos las cosas cambiaran dramáticamente.
4. El descarte. Y aquí viene el golpe final: Trump declara que María Corina “no tiene el respeto” de los venezolanos.
¿Qué nos dice todo esto? Que la realidad es mucho más cruda de lo que parece.
María Corina fue sacada de Venezuela deliberadamente para que no se convirtiera en un estorbo para los intereses americanos. Si ella hubiera estado en Caracas al momento de la caída de Maduro, habría reclamado, con toda legitimidad, el respeto a los resultados de las elecciones y el mando de la transición. Eso habría obligado a Estados Unidos a negociar con una líder nacionalista, y eso no estaba en sus planes.
La usaron como instrumento para presionar y desgastar al régimen, pero al momento de la verdad, prefirieron apartarla. Desde Oslo, ella no puede movilizar a las masas para exigir soberanía.
La lección es clara: Estados Unidos quería el control total de la situación, sin socios locales que pudieran decirles “NO”. Limpiaron la mesa, sacaron las fichas que no les servían y ahora controlan el juego sin intermediarios. En definitiva: cada quien juega sus fichas como le conviene.
El autor es abogado con especialidad en interpretación constitucional