kwt3wh2ovnga7pngqdvmoaifdu“Queremos advertir al país que el presidente de la República no tiene amigos, ni enemigos, ni arientes ni parientes. La ley protege a todos los dominicanos, pero la ley también le cae encima a todo dominicano que la viole. Esto es una república que tiene que regirse por la ley, y la ley no conoce nombres ni personas, ni sentimientos, ni relaciones familiares…. Y el Presidente envía a la justicia y hace detener al más íntimo de sus amigos y el más cercano de sus colaboradores. Me duele hacerlo, pero tengo que hacerlo, para preservar la democracia de este país, para conservar mi dignidad y mi honor. Yo puedo ser derrocado, como cualquier gobernante en América Latina, pero no seré deshonrado. Cuando salga del poder tendrán que reconocer mi honestidad”. (Profesor Juan Bosch).
Somos una sociedad extraviada en el tiempo en el campo de la perversión, de la denigración, de rebajarnos de manera sempiterna en el lodo de la corrupción, en la normalización de la deshonra y la humillación. La degradación es tan amplia que mientras mayor es la jerarquización económica y social, la fetidez y el fango es más exponencial y por su representación en la escala de la pirámide social, más acanallada se convierte. Una sociedad ensimismada, corroída, carroñada y enmudecida por el clientelismo y la corrupción.
Una sociedad enfangada, que la han llevado a un patinar perpetuo que le impide un desarrollo social inclusivo, lo que, a su vez, disminuye la posibilidad de más y mejor movilidad social, de mayor cohesión social y, en consecuencia, que el peso de la desigualdad sea menor. Es una ostensible paradoja: una sociedad que su fisonomía económica se transforma, empero, que el impacto no logra articularse en el tejido social. Vale decir, aparece una asincronía, un divorcio entre el tejido económico y el tejido social, lo que trae consigo que el desarrollo social no aparezca simétricamente con los avances del tejido económico.
Las trampas de la desigualdad, de la débil movilidad social y la baja cohesión social nos llevan a tener varios tipos de ciudadanos en un territorio pequeño. La pobreza monetaria, que mide la insuficiencia de ingresos, ha mejorado en el cuerpo social dominicano, no así la pobreza multidimensional, que aborda 5 dimensiones:
a) Viviendas
b) Salud
c) Educación
d) Empleo
e) Pensiones
El déficit de viviendas es, sencillamente descomunal, dantesco, tanto en el orden cuantitativo como el cualitativo. La ausencia en la falta como en la calidad se sitúa en el orden de 1,500,000. Es horrido ver donde viven seres humanos y las condiciones donde “habitan”, sin agua, sin luz, sin calles, sin sanitarios, sin baños. Todo ello en la tercera década del Siglo XXI. En los últimos 30 años el presupuesto para viviendas nunca ha llegado a 1% del PIB, ni siquiera a un por ciento de los presupuestos generales. Para ilustrar, veamos: en el presupuesto del 2025 de 1 billón, 484 millones. De esto, el presupuesto general del Ministerio fue de RD$17,535,521, pero, solo dedicado a viviendas, edificaciones,
infraestructuras, fue de RD$11,125,013,810. En el 2026, el presupuesto general del Estado es de RD$1 billón, 841, 701, 394,621. El Ministerio de Viviendas y Edificaciones se le asignó un presupuesto de RD$25,211.17; sin embargo, ese es el general, para todo lo relativo a ese Ministerio. Específicamente para viviendas y edificaciones solo abarca el 50% del total.
Hoy la pobreza monetaria está en un 16%, muy loable. Sin embargo, desde el punto de vista del desarrollo social inclusivo, esa pobreza monetaria no suele ser consistente, sostenida y sostenible, pues frente a una crisis económica tiende a subir, en medio de una coyuntura adversa. Lo importante es como visualizar un ángulo de protección social más significativo que trascienda el peldaño de lo monetario y de las ayudas sociales del Estado, creando competencias para desarrollar más capital humano en los sectores más excluidos de la sociedad dominicana, que constituyen la franja de un 60% entre pobre y vulnerable.
Hay, pues, la necesidad de mirar el futuro, neutralizando la volatilidad y la incertidumbre que hoy nos ahogan en esta mundialización trastocada, donde la irracionalidad domina el horizonte, haciendo prevalecer la animalidad de nuestra génesis ancestral, donde el más fuerte impone sus fuerzas por encima de las normas, de las reglas establecidas. El Leviatán de Thomas Hobbes, desaparece y se opaca en un eclipse pavoroso.
El empleo, por primera vez en la historia económica, el desempleo abierto llega a un 4.9% y el ampliado a menos de dos dígitos. Es algo que hay que visibilizar y celebrar y colocar en el alcance, pues el empleo es el mayor signo de protección social que le puede generar un ser humano y a una sociedad. No obstante, debemos de resaltar que el 67% de los empleos generados en la economía dominicana no entran en la dimensión de empleo de calidad, según lo estableció en el 2024 el Ministerio de Economía, Planificación y Desarrollo.
El empleo de calidad tiene que ver con: monto del salario, estabilidad laboral, seguridad social, formalidad, pensión. Actualmente el 54.7% de los empleos, en la sociedad dominicana, son INFORMALES. Algo que agrava y agravará aún más, toda la problemática de la seguridad social, de la protección social, todo lo cual conducirá a que se profundice la exclusión, la marginalidad y la discriminación. Imaginemos en los próximos 6 años cuando una gran parte de los ocupados formales comiencen a recibir sus pensiones. Un componente significativo de ellos no tomará sus pensiones por ellos mismos, ya que lo que recibirán de pensión será un tercio del sueldo que tenían. Urge un cambio actual en el régimen de pensiones, pues lo que se avizora es que en apenas 8 – 12 años se agotarán los fondos individuales y el Estado no tendrá capacidad de enfrentar aquella deuda social.
La SALUD: tenemos 30 años invirtiendo entre 1.5 a 2% del PIB. Este año, 2026, en el Presupuesto general está consignado, nuevamente, un pírrico: 1.9%. Estamos situados entre los países que su gasto público social se encuentra en 8.7%; 3 puntos menos que el promedio de los países evaluados por la CEPAL en su informe Panorama Social de América Latina y el Caribe, 2025.
¿Qué significa lo que estamos desglosando? Que somos una sociedad que no ha tenido la capacidad de priorizar las inversiones en función de lo que realmente reditúa, capitaliza a una sociedad, que es el eje dinamo de la inversión en el capital humano. Hemos sido una sociedad con las prioridades de inversión desfiguradas, realmente como una especie de “desinversión”, de inversión invertida, en su magnitud y en su jerarquización, para crear más valor, más capacidades, mayores niveles de competencias en el conjunto de la sociedad. No invertimos en lo que cataliza, en lo que constituye el motor del círculo virtuoso. Planificamos en el papel; empero, no ejecutamos. La cultura de una visión compartida no existe. No avizoramos la perspectiva del mañana en la construcción permanente del presente. ¡Los actores políticos nuestros son maliciosamente reactivos!
¿Por qué el peso de las prioridades que nos llevarían a un desarrollo social inclusivo y sostenido no se llevan a cabo, si ello conduce a una sociedad con mayores niveles de movilidad social (intra e intergeneracional), de cohesión social y de menos desigualdad? Porque con la construcción de una sociedad envilecida, el puño del clientelismo y de la corrupción tienen más auge para sus pretensiones individuales, particulares. El peso de la ideología conservadora se fue asentando en el corpus del tejido político-institucional, al tiempo que se montó a partir del 2005 una verdadera cleptocracia.
Todo esto se articuló con el clientelismo más feroz que se haya conocido en la historia dominicana, permeada y diseñada desde la más alta esfera del poder del Estado, a todos los niveles y en toda la sociedad. La mega corrupción nos atrapó y sedimentó una sociedad envilecida, donde sus prohijadores se han envanecido con el tiempo al no ocurrirle nada de consecuencia.
Esta sociedad envilecida no cambiará sus prioridades reales de inversión hasta que no haga una verdadera catarsis introspectiva, contra lo que significa tomar los bienes públicos y desviarlos a manos privadas, lo que significa el tráfico de influencia, el nepotismo, la prevaricación, el abuso de poder, el perjurio. Se fortaleció la cultura de la corrupción como algo normalizado. Es lo que permitió “crear personajes corruptos como honorables” y ha permitido generar una sociedad tolerante frente a la vileza y el deshonor.
El periódico acento.com.do reseñó una noticia calzada con la firma de Julián Herrera, el 26 de julio del 2023 con el siguiente titular: “Durante gobiernos de Leonel Fernández, la Procuraduría recibió 66 auditorías con indicios de corrupción, y no investigó. Fueron entregadas a la procuraduría entre 2005 y 2010”. El ejercicio para la reflexión y la historia es lograr tener todos los expedientes que llegaron a la PEPCA desde el 2005 hasta el 2025. Hay que reiterar hasta el “cansancio” que la doctora Licelott Marte de Barrios llegó a decir que “con lo que se perdía en materia de corrupción, se podrían realizar dos República Dominicana”. Ella fue presidenta de la Cámara de Cuentas desde el 2007 hasta el 2016 (dos periodos).
Leyendo los libros que nos recrean la corrupción política-administrativa, que produjo tantos delincuentes políticos, nos lleva a la conclusión de que la sociedad dominicana necesita desapoderarse del profundo envilecimiento a que ha sido conducida por los que nos han gobernado en los últimos 30 años. Debemos darnos la posibilidad de que emerjan nuevos actores políticos, no comprometidos con el enruinecer, degradar de la nación dominicana.
Cuando leí el libro del periodista Marino Zapete, Lo bueno de contar lo malo, la regurgitación que se anidó en mi cuerpo, todo lo que se hizo en materia de envilecimiento, es para no seguir retrotrayendo la historia a peldaños cleptocráticos.
Tenemos que fortalecer el Estado, pues un estado débil facilita la corrupción y la corrupción debilita al Estado. Los países menos proclives a la corrupción no solo tienen mayores niveles de democracia, sino que ejemplifican mayor fortaleza institucional y mejores grados de gobernabilidad y gobernanza. Ello hace posible cristalizar más y mejores proyectos colectivos, pues la confianza se expande y la cohesión social mejora.
Múltiples actores convergen en la corrupción, sin embargo, el fuerte lo compone lo que el sociólogo norteamericano C. Wright Mills denominó la elite del poder, en la inmoralidad institucionalizada de esta elite, que asume decisiones más allá de los intereses societales. Tenemos que hacer un esfuerzo, en el plano personal, por no hacer daño personal a nadie. No obstante, hay que asumir a Victoria Camps en su libro Historia de la Ética, cuando nos dice “Ser bueno, ser el mejor, ser virtuoso. Agathos (bueno), es el concepto ético por antonomasia. La ética es la reflexión sobre lo bueno, sobre la mejor manera de vivir, lo que hoy llamamos excelencia y los griegos llamaron arete (virtud). En sus orígenes, la ética es el pensamiento sobre la vida excelente o vida virtuosa”.
Dejar atrás esta sociedad envilecida es perforar con lo bueno, con la virtud, y adentrarnos en el corazón de lo esencial, con las prioridades nodales para un desarrollo social inclusivo y sostenible. La crueldad envilecida impide la movilidad social, la cohesión social y la horizontalidad humana, en gran medida. Los envanecidos por el envilecimiento generado en la sociedad deberían ser parte de la prehistoria dominicana.