

Santo Domingo.– La entrada en vigencia del nuevo Código Penal Dominicano (Ley 74-25), prevista para el 3 de agosto, mantiene en alerta a periodistas, comunicadores, propietarios de medios y organizaciones defensoras de la libertad de expresión, debido a las nuevas disposiciones que endurecen las sanciones por la difusión de conversaciones, imágenes, audios, videos y publicaciones que puedan afectar el honor, la intimidad o la reputación de las personas.
El centro del debate se encuentra en el artículo 186, que establece penas de seis meses a un año de prisión menor, además de multas de uno a dos salarios mínimos del sector público, para quienes transmitan, divulguen, publiquen o envíen a terceros conversaciones orales o escritas, imágenes, audios, notas de voz o videos sin autorización, cuando con ello se lesionen derechos protegidos por la ley.
Las sanciones aumentan si la conducta afecta el honor, el buen nombre o la propia imagen de la persona involucrada. En los casos donde las víctimas sean menores de edad, las penas podrían elevarse de dos a cinco años de prisión, junto con multas de nueve a quince salarios mínimos, endureciendo significativamente las consecuencias legales.
Uno de los aspectos que más inquieta al sector periodístico es la responsabilidad que la nueva legislación atribuye a las empresas de comunicación.
Según las disposiciones contenidas en la Ley 74-25, particularmente en los artículos 39, 40 y 212, los medios de comunicación podrían enfrentar consecuencias que van más allá de la condena individual de un periodista o entrevistado. Entre las medidas previstas figuran el decomiso de equipos utilizados para cometer el delito, sanciones contra la persona jurídica, posibles restricciones para operar e incluso responsabilidades para directivos y propietarios cuando exista una condena relacionada con difamación o injuria.
El temor a sanciones económicas, procesos penales o responsabilidades corporativas podría llevar a que algunos medios decidan no publicar investigaciones sensibles relacionadas con corrupción, abuso de poder o denuncias de interés público, generando un ambiente de autocensura.
Diversas organizaciones vinculadas a la libertad de prensa consideran que las normas podrían producir un "efecto inhibidor", limitando el debate público y reduciendo la capacidad de los medios para fiscalizar a funcionarios, empresarios y otras figuras de poder.
Quienes respaldan la nueva legislación sostienen que el Código Penal busca fortalecer la protección de derechos fundamentales como la intimidad, la dignidad, el honor y la reputación de las personas frente al creciente uso de redes sociales y plataformas digitales para difundir contenidos falsos, ofensivos o privados.
Desde esta perspectiva, la ley pretende establecer límites claros para evitar abusos y proteger a ciudadanos que han sido víctimas de campañas de descrédito, difamación o divulgación no autorizada de información personal.
Sin embargo, críticos de la normativa entienden que el desafío será lograr un equilibrio entre esa protección y el derecho constitucional a informar, investigar y expresar opiniones sobre asuntos de interés público.
