

Santo Domingo.– Lo que comenzó como un exilio forzado por la dictadura militar en Chile terminó convirtiéndose en una historia de superación y éxito en la República Dominicana. A sus 91 años, Lorenzo Bavestrello recuerda cómo llegó al país en 1980 huyendo de la persecución política y cómo, décadas después, ayudó a crear Golosín, una empresa de dulces que marcó la infancia de varias generaciones de dominicanos.
Bavestrello emigró gracias a un programa de reubicación laboral impulsado por el entonces Comité Intergubernamental para las Migraciones Europeas (ICEM), hoy Organización Internacional para las Migraciones (OIM), que permitió que alrededor de 9,000 chilenos se establecieran en distintos países tras el golpe de Estado de 1973.
El chileno, quien trabajaba en una empresa de confitería en Valparaíso y era dirigente sindical, perdió su empleo por oponerse a la dictadura de Augusto Pinochet. Sin posibilidades de encontrar trabajo y con la responsabilidad de mantener a su esposa y tres hijos, aceptó la oportunidad de viajar a la República Dominicana para colaborar en la instalación de una fábrica de dulces en Boca Chica.
Llegó solo al país y durante seis meses vivió separado de su familia mientras trabajaba y esperaba reunirlos en territorio dominicano. Sin embargo, el proyecto inicial cerró poco tiempo después, dejándolo nuevamente desempleado.
Lejos de rendirse, Bavestrello encontró un socio que confió en su experiencia en la industria de la confitería. Juntos fundaron un pequeño negocio en el sector Gazcue, en Santo Domingo, que con el paso de los años se transformó en Golosín, una empresa cuyos productos se convirtieron en parte de la memoria y la infancia de miles de dominicanos.
Con el tiempo, su familia logró establecerse definitivamente en el país. Sus hijos continuaron sus estudios, formaron sus propias familias y echaron raíces en la República Dominicana, nación que, según Bavestrello, les brindó la oportunidad de comenzar de nuevo.
"Aquí encontramos paz. Pudimos trabajar, construir una vida y mirar hacia el futuro. Tengo muchos amigos dominicanos maravillosos, y eso ha marcado la diferencia para sentir este lugar como nuestro hogar", expresó.
Hoy, a más de cuatro décadas de su llegada, Lorenzo Bavestrello afirma que el mayor legado de aquel difícil camino no fue solo el éxito empresarial, sino haber visto crecer a sus hijos y nietos en un país que los acogió y les permitió construir un nuevo futuro.