
El pulso entre Irán, Estados Unidos e Israel entró este miércoles en una fase más peligrosa.
La Guardia Revolucionaria iraní advirtió que responderá “con firmeza” a cualquier intervención extranjera, en medio de las protestas masivas que sacuden al régimen en Teherán.
Desde la cúpula militar, se dejó claro que el país está listo para actuar si Washington decide respaldar de forma directa a los manifestantes.
El mensaje fue reforzado por el ministro de Defensa, Aziz Nafizardeh, quien aseguró que toda base o instalación regional que colabore con una ofensiva contra Irán será considerada un objetivo militar legítimo.
La amenaza se produce mientras fuentes diplomáticas confirman la evacuación preventiva de personal estadounidense de la base aérea de Al Udeid, en Qatar, una de las principales plataformas militares de EE. UU. en Medio Oriente.
La escalada coincide con recientes declaraciones del presidente Donald Trump, quien afirmó que “la ayuda está en camino” para los manifestantes iraníes y dejó abierta la posibilidad de una acción militar.
Sus palabras profundizaron la confrontación directa con Teherán y encendieron las alarmas sobre un posible conflicto regional de gran alcance.
Dentro de Irán, la crisis se agrava. El Poder Judicial anunció juicios acelerados contra los detenidos bajo el cargo de moharebeh —“guerra contra Dios”—, una figura que puede derivar en la pena de muerte.
Organismos de derechos humanos alertan sobre ejecuciones inminentes y denuncian un uso sistemático de la represión para sofocar la disidencia.
Aunque el régimen reconoce unas 2.000 muertes durante los disturbios, organizaciones independientes elevan la cifra a más de 2.500 fallecidos y estiman que al menos 10.000 personas siguen detenidas.
La situación se ve agravada por un apagón digital que ya supera los cinco días, limitando el acceso a información verificada.En el ámbito internacional, el aislamiento de Teherán se profundiza.
Estados Unidos canceló todo contacto diplomático y varios países europeos convocaron a los embajadores iraníes para condenar lo que califican como la represión más violenta de la historia reciente del país. En contraste, Rusia y China reiteraron su apoyo a la soberanía iraní, ampliando la fractura global frente a la mayor ola de desobediencia civil desde 1979.