
La actividad humana redujo entre un 60% y un 70% la longitud de las cadenas alimenticias y hasta un 70% la diversidad funcional de los peces en los arrecifes coralinos del Caribe, según un estudio internacional publicado en la revista científica Nature y liderado por la investigadora Jessica Lueders-Dumont, del Boston College.
El trabajo advierte que esta simplificación trófica disminuyó la resiliencia ecológica de los arrecifes y puso en riesgo tanto la biodiversidad marina como la seguridad alimentaria de millones de personas que dependen de estos ecosistemas.
Los arrecifes coralinos albergan al menos el 25% de las especies marinas y garantizan protección costera y alimento para aproximadamente 1.000 millones de personas, según datos del Boston College. Sin embargo, en el Caribe estos ecosistemas han perdido más del 50% de su cobertura coralina desde la década de 1970, comprometiendo su productividad y los servicios ecosistémicos que ofrecen.
La investigación reconstruyó la estructura trófica de los arrecifes a lo largo de 7.000 años mediante el análisis de isótopos de nitrógeno en fósiles de otolitos —estructuras calcificadas del oído interno de los peces— y fragmentos de coral. Las muestras procedieron de Panamá, en la región de Bocas del Toro, y de República Dominicana, en la cuenca de Enriquillo.
En total, el equipo analizó 136 otolitos de peces y diversas muestras coralinas para evaluar el rango trófico y la especialización alimentaria. Este enfoque permitió comparar directamente las redes alimentarias previas al impacto humano con las actuales.
El estudio documentó una contracción significativa de la complejidad trófica: tanto en Panamá como en República Dominicana, la longitud de las cadenas alimenticias cayó alrededor del 60%, mientras que la diversidad funcional de los peces disminuyó entre un 20% y un 70%, dependiendo de la región y el grupo analizado.
República Dominicana mostró una simplificación más marcada, atribuida a mayores niveles de sobrepesca, pérdida de hábitats costeros y contaminación. Especies de distintos niveles tróficos —desde gobios hasta peces de niveles intermedios y superiores— experimentaron una reducción tanto en la diversidad de sus dietas como en su posición dentro de la red alimentaria.
Según explicó Lueders-Dumont, en los arrecifes caribeños más saludables las comunidades de peces se alimentaban de una mayor variedad de recursos. En contraste, en los ecosistemas contemporáneos varias especies recurren a los mismos alimentos, lo que limita su capacidad adaptativa frente a cambios ambientales.
La homogeneización y el acortamiento de las cadenas alimenticias implican riesgos inmediatos para la estabilidad ecológica. Cuando desaparece la diversidad de recursos y funciones, toda la comunidad queda expuesta a presiones similares, reduciendo su capacidad de respuesta ante perturbaciones como el calentamiento global, la sobrepesca o la contaminación.
El equipo relacionó esta simplificación principalmente con el aumento de la temperatura global, el exceso de nutrientes derivados de la agricultura, la degradación del hábitat coralino, la pérdida de manglares y la disminución de grandes depredadores, factores que alteraron el flujo de energía en toda la red trófica.
Además de documentar la pérdida de complejidad ecológica, la reconstrucción paleoecológica permitió establecer una línea base previa al impacto humano, considerada esencial para definir objetivos realistas de conservación y restauración marina.
“Podemos ahora vislumbrar cómo eran realmente los ecosistemas prístinos de coral y cómo podríamos restaurarlos”, concluyó Lueders-Dumont.