
Este 18 de febrero se celebra el Miércoles de Ceniza, la jornada que marca el inicio de la Cuaresma, un período de 40 días de preparación espiritual dentro de la tradición cristiana para conmemorar la resurrección de Jesucristo en el Domingo de Pascua.
La jornada marca uno de los momentos más significativos del calendario litúrgico de la Iglesia católica. No hay disfraces ni comparsas; en su lugar, silencio, recogimiento y una cruz de ceniza trazada sobre la frente. Un gesto sencillo, pero cargado de simbolismo.
En cada misa, el sacerdote dibuja una cruz con cenizas mientras pronuncia una frase que atraviesa siglos: “Hombre, recuerda que polvo eres y que al polvo volverás”, palabras tomadas del Génesis. Es un recordatorio directo de la fragilidad humana, de la brevedad de la vida y de la necesidad de reconciliación.
Las cenizas no son un elemento cualquiera: provienen de las palmas bendecidas el año anterior durante el Domingo de Ramos, que se queman para dar forma a este signo penitencial. Así, lo que fue símbolo de júbilo se transforma en llamado a la introspección.
El Miércoles de Ceniza también marca el cierre definitivo de los carnavales, históricamente ligados a los días de abundancia previos al tiempo de austeridad. Tras los festejos y comidas copiosas, llega el ayuno.
La disciplina es clara: ayuno obligatorio para personas entre 18 y 60 años —una sola comida fuerte al día— y abstinencia de carne desde los 14 años, práctica que se repite cada viernes de Cuaresma. Más allá de la norma, el espíritu invita a algo más profundo: renunciar a un hábito dañino, intensificar la oración, acercarse al sacramento de la reconciliación y comprometerse con un cambio real.
Durante 40 días, los fieles emprenden un itinerario interior que culminará en el Misterio Pascual: la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús. La Cuaresma concluirá en el Jueves Santo, cuando se conmemora la Última Cena y comienza el Triduo Pascual.
El Miércoles de Ceniza no es solo una fecha en el calendario: es un llamado a detenerse, a mirar hacia adentro y a comenzar de nuevo. Mientras la ceniza se posa sobre la piel, la tradición cristiana recuerda que de la fragilidad puede brotar la esperanza, y que el polvo también puede ser semilla de resurrección.