
El cardenal Dominique Joseph Mathieu lanzó un contundente llamado contra la guerra al afirmar: «Nunca más la guerra, aventura sin retorno; nunca más la guerra, espiral de lutos y violencia», durante una vigilia de oración por la paz celebrada en la Basílica de Santa Cruz en Jerusalén.
La ceremonia, presidida por el cardenal Baldassarre Reina, reunió a fieles y organizaciones católicas en un contexto marcado por la creciente violencia en Oriente Medio. Durante su intervención, Mathieu recordó palabras de San Juan Pablo II, pronunciadas en 1991, para pedir a Dios el fin del conflicto en el Golfo y exhortar a abandonar la lógica de la represalia.
El arzobispo, quien recientemente tuvo que abandonar Irán debido a la guerra, pidió soluciones basadas en el diálogo: «Detén la lógica de la venganza y sugiere caminos de diálogo, gestos generosos y espacios de espera paciente más fecundos que los tiempos de la guerra».
La vigilia también puso el foco en conflictos frecuentemente ignorados, como los del este de la República Democrática del Congo y Sudán. Sin embargo, la atención principal se centró en la situación en Oriente Medio y la herida abierta en Tierra Santa.
Los participantes valoraron positivamente la decisión de las autoridades israelíes de permitir las celebraciones de Semana Santa, tras restricciones previas que afectaron incluso al cardenal Pierbattista Pizzaballa.
Por su parte, el cardenal Reina expresó cercanía con las víctimas de la guerra: «Estamos cerca del pueblo iraní y de todos los que sufren. Hay muchos inocentes crucificados». En este sentido, recordó que el papa ha llamado a los cristianos a intensificar la oración por la paz en un momento que calificó como “dramático para toda la humanidad”.
Durante su meditación, Reina insistió en que «la violencia solo produce más violencia» y cuestionó que la humanidad no haya aprendido esta lección histórica. Advirtió además sobre el peligro de una escalada armamentística global: «El mundo ha perdido la paz y se dirige hacia lo absurdo, hacia un rearme que tiene sabor a muerte».
Finalmente, subrayó que la paz verdadera no depende únicamente de estrategias políticas o diplomáticas, sino de un cambio profundo: «La paz es Cristo», concluyó, invitando a redescubrir la fe como camino hacia la reconciliación.