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  • Por: Luís Fernández
  • martes 26 mayo, 2026

Humanismo y seguridad nacional

oip (43)

El drama humano en que se ha convertido la migración irregular es uno de los desafíos más complejos, que debe enfrentar la República Dominicana y la región latinoamericana, ya que no se puede seguir
ignorando el desplazamiento de miles de personas que abandonan sus países, escapando de la inestabilidad política, pobreza, las desigualdades, la violencia y la falta de oportunidades.

Existen diferentes enfoques para abordar este tema de la migraciónirregular, que se ha convertido en un fenómeno global, que impacta a los estados especialmente a aquellos que reciben grandes flujos de personas, sin efectivos mecanismos de control y regulación y sobre todo a las naciones pequeñas con recursos y capacidad institucional muy limitados, lo que reduce su capacidad de respuestas.

De un lado están los que propugnan por políticas estrictamente
restrictivas, el derecho de las naciones a proteger sus fronteras
mediante un estricto control, preservar el orden interno y garantizar
la seguridad nacional y por el otro quienes creen en una apertura
basada en principios humanitarios, que reconozcan la dignidad
humana de los migrantes, evitando abusos y garantizando
condiciones mínimas de protección.


Lo primero que hay que establecer es el derecho legítimo de cada
país a establecer soberanamente su política migratoria, estableciendo
quien entra en su territorio, en qué condiciones puede permanecer, sus
mecanismos legales de residencia, de trabajo y la permanencia de
extranjeros dentro de sus fronteras, facultades reconocidas
internacionalmente, vinculadas a la seguridad nacional y el orden público.
En los últimos años los fuertes flujos migratorios irregulares, el aumento del
crimen transnacional y las tensiones sociales han obligado a numerosos
países a endurecer sus controles fronterizos y a revisar sus sistemas
migratorios, lo que no debe conducir a la deshumanización, las prácticas
arbitrarias, violaciones a los derechos humanos de los migrantes, y a su
dignidad humana.
Los conceptos seguridad nacional y humanismo deben encontrar un camino
común que situé la dignidad, los derechos y el bienestar de las

personas en el centro de las políticas públicas, alejándose de la visión
tradicional que prioriza únicamente la seguridad del Estado, ningún
país puede renunciar a proteger sus fronteras, pero tampoco se
puede ignorar la dimensión humana de los flujos migratorios
contemporáneos.
Los países en esta época de la humanidad tienen de frente un gran
desafío, que es realizar esfuerzos para lograr un equilibrio entre
seguridad, legalidad y derechos humanos, el debate del tema no debe
caer en extremos peligrosos, ni criminalizar al migrante, ni ignorar los
efectos reales que los flujos migratorios irregulares pueden producir
sobre los países receptores.
La experiencia internacional demuestra, que no es una garantía de
solucionar el problema, ni las políticas exclusivamente represivas ni
las completamente abiertas, la realidad es que se necesitan
estrategias integrales, cooperación internacional y que las grandes
potencias y los organismos multilaterales pasen de algunos discursos
solidarios a una real asistencia financiera y logística que ayude a
gestionar la migración irregular.
La migración irregular no se puede ver solamente desde la óptica del
control fronterizo y la represión, detrás de cada gran flujo migratorio
hay crisis económicas, conflictos políticos, inseguridad, desempleo y
violencia que obligan a miles de personas a abandonar sus países en
busca de mejores condiciones de vida, oportunidades y seguridad
para él y sus familiares.
La Asamblea general de Naciones Unidas ha adoptado el concepto de
seguridad humana que significa entre otras cosas , “El derecho de las
personas a vivir en libertad y dignidad, libres de pobreza y
desesperación. Todas las personas, en particular las más vulnerables,
tienen derecho a vivir sin temor y sin necesidad, con igualdad de
oportunidades para disfrutar de todos sus derechos y desarrollar
plenamente su potencial humano”. 
El gran reto para los estados es lograr construir políticas migratorias
equilibradas y sostenibles, que combinen la seguridad del estado sin
debilitar su estabilidad, con el respeto a los derechos humanos de los
migrantes, tratando la migración como un fenómeno regional y global
que requiere de responsabilidad política, económica y humanitaria
compartida.
La migración continuará siendo uno de los temas centrales de la
agenda internacional durante los próximos años, frente a ese
escenario es de suma importancia, entender que los flujos
migratorios lejos de disminuir continuarán creciendo, por lo que los
países que logren equilibrar, control y respeto a la dignidad humana

estarán mejor preparados para enfrentar y gestionar este
determinante fenómeno migratorio.

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