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  • Por: Frank Núñez
  • lunes 08 junio, 2026

Un círculo vicioso que debemos cambiar

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Limitarse a lamentar que se registren los males que afectan a la sociedad crea una situación paralizante que estimula para que los mismos se sigan produciendo. Los problemas están provocando  lamentos estériles y los lamentos estériles alimentan el problema de la inacción para resolverlos. Justifican el pesimismo y la impotencia, sentimientos que condenó la Madre Teresa de Calcuta cuando proclamó: ¡Si hay que sembrar un árbol siémbralo tú!

Volvimos a reflexionar en el círculo vicioso que corroe la salud social de los dominicanos cuando leímos las reseñas periodísticas sobre las palabas del arzobispo coadjutor de Santo Domingo, Carlos Tomás Morel Diplán, en torno a fenómenos que hieren la conciencia nacional, durante la misa de Corpus Cristi, en el Colegio Quisqueya de esta capital.

La única forma de cambiar un círculo vicioso es iniciando un círculo virtuoso. “Los feminicidios, la trata de personas, el narcotráfico, el consumo de drogas, la impunidad, la violencia intrafamiliar y el daño al medioambiente fueron denunciados por Monseñor Carlos Tomás Morel Diplán como los males que más afectan a la sociedad dominicana”, reseñan los medios de prensa. 

Más que denuncia, se trata del mismo lamente que escuchamos a diario sin que se investigue las causas de esos males, se describan objetivamente los hallazgos de las investigaciones, se llegue a conclusiones, para poder realizar las recomendaciones de soluciones, como nos enseñaron en las universidades a la hora de entregas nuestras tesis de grados.

Una investigación seria, con el debido rigor científico, podría arrojar que todos los vicios señalados por Morel Diplán son como ramas de un mismo árbol, cuyas raíces se profundizan cada vez más en el terruño patrio. ¿Qué es lo que ahora llaman “feminicidio”?, el homicidio contar una mujer. El término mismo es un invento del feminismo radical y de la denominada “ideología de género”. Debieron inventar el término “masculinicidio” para definir cuando un hombre es asesinado por una mujer. Pero la nobleza de quienes elaboraron la agenda anti familia no llega tan lejos.

Ocurre, y eso debiera saberlo todo líder de esta época, que la presente es una sociedad consumista, en la que los estilos de vida lo impone el mercado. Un rastreo a los casos de los llamados “feminicidios”, demuestra que quienes los han estado cometiendo en los últimos años no son muertos de hambre. Son sujetos con cierto nivel económico para convertirse en cajas chicas del afán consumista que impera en la sociedad. Los mismos medios de comunicación, las redes sociales y hasta organizaciones “cristianas” ponen lo económico por encima de cualquier faceta de la condición humana. Muchas veces, el desenlace fatal se produce con los criterios de las transacciones donde una de las partes concluye en que ha sido víctima de un tumbe, como se denomina en el narcotráfico, fenómeno cuyo crecimiento lamenta Morel Diplán.

Recientemente comentábamos las expresiones de la ministra de la Mujer, Gloria Reyes, cuando dijo que es “difícil ser hombre en la República Dominicana, porque para un joven poder invitar una novia a cenar tiene que tener vehículo propio”. Después una comentarista que fue esposa del humorista “Boca de Piano” remató con que “un hombre que gana 40 mil pesos mensuales no tiene derecho a enamorarse”.

Hasta ahora, las únicas recomendaciones que hemos visto para evitar los llamados “feminicidos” son las mismas que provienen de las Organizaciones No Gubernamentales (ONGS) feministas, financiadas por organismos internacionales contrarias a la existencia de esta nación, así como de la llamada comunidad LGTBIQ+, partidarios de que el hombre renuncie a la condición masculina.

La trata de persona, otro fenómeno del lamento, es propia de una sociedad corrompida, donde la misma mujer ha sido convencida de que “el trabajo sexual” es una fuente de ingreso tan “noble como cualquier otra”. Pero además, ¿cómo quieren que los jóvenes, varones y hembras, se dedique a estudiar y trabajar donde solo se les valora por lo que tienen, o aparentan tener, y no por lo que son?

En cuanto al narcotráfico, se trata de una actividad altamente “rentable”, que permite “comprar mujeres”, regalarles buenas yipetas, apartamentos, trajes, fines de semanas en hoteles de la costa y ni hablar de celulares de alta gama. Ellos no son los pobrecitos que no tienen vehículos para llevar las novias a cenar, ni ganan 40 mil pesos. Y si no, que le pregunten a Quirino, Quirinito, César El Abusador y Figueroa Agosto, para solo mencionar algunos nombres de los más prominentes.

El consumo de drogas creció exponencialmente tras la aprobación de la ley de lavado, que obliga al narco que envía el producto del país al extranjero tas recibirla de Colombia a cobrar ese servicio en especie, debido a que después de 10 mil dólares hay declarar la forma que se ganaron esos emolumentos. Desde el 2004 esa droga se ha estado disparando aquí, con un mercado cautivo niños, jóvenes y no tan jóvenes criados sin papá y mamá, porque la familia nuclear ha estado entre los objetivos a destruir por la agenda impuesta por los organismos y las ONGs que referimos más arriba.

La corrupción y la impunidad forman parte del mismo sismo sistema judicial que solo castiga a los pobres, pero que a los que roban mucho y acumulan grandes fortunas les perdona sus pecados como “al buen ladrón”.

¿Qué hacemos con lamentarnos por la violencia intrafamiliar cuando se sabe que el consumo de drogas cada vez más creciente torna violentos e irracionales a los viciosos, que matan a padres y madres para que le busquen el dinero de comprarlas? Acaso no vimos esta misma semana a madres detenidas en cárceles y centros juveniles de acogida por llevarles drogas a sus hijos en los mismos recintos?

Y sobre los daños al medio ambiente, creemos que es muy difícil de evitar en una sociedad que ha permitido que le destruyan su núcleo fundamental, que es la familia, creando un vacío en las nuevas generaciones que busca llenarse con el consumismo y las drogas, mientras su líderes se limitan a lamentarse. Quien no se quiere a sí mismo y ha perdido toda esperanza de crecer sanamente mediante el estudio y el trabajo, con posibilidad de crear una familia como la que existía cuando él nació, no va a cuidar un medio ambiente que se aprecia como un valor para el porvenir.

Basta ya de lamentarse. Hay que investigar las causas de los males que provocan los lamentos, identificarlas, diagnosticarlas y recomendar el tratamiento de rescatar la salud de esta sociedad, que ha visto extinguir el sonido de sus merengues melódicos en las calles, sustituidos por unos “ritmos urbanos” que invitan al consumo de estupefacientes, la violencia, el maltrato a las mujeres, con desprecio al estudio y el trabajo incluidos. Esa sería la manera de eliminar el círculo vicioso e iniciar el círculo virtuoso de la esperanza.

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